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martes, 7 de enero de 2014

La verdadera causa de las enfermedades cardíacas



Tomado de http://empoderasalud.com/cirujano-reconocido-mundialmente-expone-la-verdadera-causa-de-las-enfermedades-cardiacas/

Nosotros los médicos con toda nuestra formación, conocimientos y autoridad, a menudo adquirimos un gran ego que nos hace difícil admitir que estamos equivocados. Así que, aquí está. Admito estar equivocado. Como cirujano cardíaco con 25 años de experiencia, con más de 5000 cirugías realizadas a corazón abierto, hoy ha llegado el momento de reparar el daño con hechos médicos y científicos.

Durante muchos años me capacité con otros médicos etiquetados como “formadores de opinión”. Bombardeados con literatura científica, asistiendo de forma continua a seminarios, los creadores de opinión hemos insistido en que las enfermedades del corazón son el resultado del simple hecho de tener niveles de colesterol muy elevados en la sangre.

La única terapia aceptada era prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en grasas. Insistimos que esto último sin duda disminuiría el colesterol y las enfermedades cardíacas. Cualquier desviación de estas recomendaciones se consideraba una herejía y podía resultar en una mala práctica médica.

¡No está funcionado!

Estas recomendaciones ya no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El descubrimiento hace unos años atrás de que la inflamación en la pared arterial es la causa real de la enfermedad cardíaca, está dando lugar lentamente a un cambio de paradigma en cómo se tratarán las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas.

Las recomendaciones dietéticas establecidas desde hace mucho tiempo han creado epidemias de obesidad y de diabetes, consecuencias que empequeñecen cualquier otra plaga en la historia en términos de mortalidad, sufrimiento humano y de graves consecuencias económicas.

A pesar de que el 25% de la población toma costosos medicamentos a base de estatinas, y a pesar del hecho de que hemos reducido la cantidad de grasa presente en nuestra dieta, más personas morirán por enfermedades que afectan al corazón.

Las estadísticas de la American Heart Association indican que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20 millones padecen diabetes y 57 millones pre-diabetes. Estos trastornos están afectando cada vez más a personas jóvenes, en mayor número cada año.

En pocas palabras, sin inflamación en el cuerpo, no es posible que se acumule colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos y se causen enfermedades cardíacas y ataques. Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el cuerpo. Es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado.

La inflamación no es complicada - se trata simplemente de una reacción natural del cuerpo ante invasores extraños tales como bacterias, toxinas o virus -. El ciclo de la inflamación es una forma de proteger al cuerpo ante invasores bacterianos y virales. Sin embargo, si exponemos al organismo de forma crónica a daños por toxinas o alimentos que el cuerpo humano no está diseñado para procesar, ocurre una condición llamada inflamación crónica.

¿Qué persona sensata se expondría de forma intencionada y en repetidas ocasiones a alimentos u otras sustancias que sabe que causan daño corporal? Bueno, quizás los fumadores, pero toman esa decisión de manera voluntaria.

El resto nos limitamos a seguir la dieta recomendada que es baja en grasas y alta en grasas poliinsaturadas y carbohidratos, sin saber que estamos causando repetidos daños a nuestros vasos sanguíneos. Esta agresión repetida produce una inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes cerebrovasculares, a la diabetes y la obesidad.

Permítanme repetir eso: la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos está causada por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante años por la medicina convencional.

¿Cuáles son los mayores culpables de la inflamación crónica? En pocas palabras, la sobrecarga de hidratos de carbono simples y procesados (azúcar, harina y todos los productos derivados) y el exceso de consumo de aceites vegetales con omega-6, tales como aceites de soja, maíz y girasol que se encuentran presentes en muchos alimentos procesados.

Visualiza lo siguiente: un cepillo duro que se frota repetidamente sobre la piel hasta que ésta se enrojece y casi sangra. Mantienes esto varias veces al día, diariamente durante 5 años. Si pudieses tolerar este cepillado doloroso, se produciría sangrado, hinchazón de la zona infectada que cada vez sería peor a medida que se repite la agresión. Esta es una buena forma de visualizar el proceso inflamatorio que podría estar pasando en tu cuerpo ahora mismo.

Independientemente de dónde se produzca el proceso inflamatorio, bien interna o externamente, es lo mismo. He observado el interior de miles y miles de arterias. Una arteria enferma se ve como si alguien hubiese cogido un cepillo y lo hubiese frotado varias veces contra las paredes. Varias veces al día, todos los días, los alimentos que comemos producen pequeñas lesiones, sobre las que se producen otras, causando que el cuerpo responda de forma continua con inflamación.

A pesar de que resulta tentador el sabor de unos pasteles, nuestros cuerpos responden de forma alarmante, como si un invasor extraño llegara declarando la guerra. Los alimentos cargados con azúcar y carbohidratos simples, o procesados con omega-6 para una mayor vida útil han sido uno de los pilares de la dieta norteamericana por seis décadas. Estos alimentos han estado envenenando lentamente a todos.

¿Cómo comiendo un simple dulce se produce una cascada inflamatoria que hace que te enfermes?

Imagínate derramando miel en tu teclado y tienes una representación visual de lo que ocurre dentro de la célula. Cuando consumimos hidratos de carbono simples tales como el azúcar, los niveles de azúcar en la sangre se elevan rápidamente. Como respuesta, el páncreas secreta insulina, cuya misión principal es que el azúcar ingrese a todas las células donde se almacena para energía. Si la célula está llena y no necesita glucosa, es rechazada para evitar una disfunción de los procesos que se llevan a cabo en su interior.

Cuando tus células rechazan el exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en la sangre produciendo más insulina, y la glucosa se almacena en forma de grasa.

¿Qué tiene que ver todo esto con la inflamación? La cantidad de azúcar en la sangre es controlada en unos rangos muy estrechos. Las moléculas de azúcar extras se unen a una variedad de proteínas que lesionan las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los vasos sanguíneos desencadena la inflamación. Cuando sube tu nivel de azúcar en la sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el delicado interior de tus vasos sanguíneos.

Si bien no puedes observarlo, puedes estar seguro de que ocurre así. Lo ví en más de 5000 pacientes sometidos a cirugía durante los 25 años que llevo ejerciendo. Todos ellos tenían un denominador común: la inflamación de las arterias.

Volvamos al asunto de los pasteles. Ese producto de inocente aspecto, no sólo contiene azúcar, sino que también está elaborado con ácidos grasos omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen con aceite de soja; muchos alimentos procesados se fabrican con ácidos grasos omega-6 para que tengan más larga duración. Mientras que las grasas omega-6 son esenciales -son parte de la membrana celular controlando lo que entra y sale de la célula- deben estar en equilibrio con los omega-3.

Si este equilibrio se rompe por el consumo excesivo de ácidos grasos omega-6, la membrana de la célula produce unas sustancias químicas denominadas citoquinas, que causan directamente inflamación.

Hoy en día, la dieta tipo americana suele producir un desequilibrio muy grande entre estos dos tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno a 15:1, o incluso a 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esta es una enorme cantidad de citoquinas causando inflamación. En el ambiente alimenticio de hoy, una proporción de 3:1 sería óptimo y saludable.

Para empeorar aún más las cosas, el sobrepeso que estás acarreando por comer estas comidas produce una sobrecarga de células grasas que vierten grandes cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las lesiones causadas por los altos niveles de azúcar en sangre. El proceso que comenzó con un pastel se convierte en un círculo vicioso que con el tiempo genera enfermedades cardíacas, hipertensión arterial, diabetes, y por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio continúa.

No se escapa el hecho de que cuanto más alimentos procesados consumimos, más se dispara la inflamación poco a poco cada día. El cuerpo humano no puede procesar, ni fue diseñado para consumir, alimentos envasados con azúcar y remojados en ácidos grasos omega-6.

No hay otra solución para disminuir la inflamación que consumir alimentos lo más cercano posible a su estado natural. Para reconstruir músculos, consume más proteínas. Elige carbohidratos complejos, tales como los presentes en coloridas frutas, verduras. Reduce o elimina el consumo de los ácidos grasos omega-6 que causan inflamación, tales como el aceite de maíz y soja, y los alimentos procesados que se han elaborado con estos aceites.

Una cucharada de aceite de maíz contiene 7,280 mg de ácidos grasos omega-6; la soja 6,949 mg. En vez de eso, utiliza aceite de oliva o mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto.

Las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir inflamación que los aceites poliinsaturados, supuestamente saludables. Olvida la “ciencia” que te han metido en la cabeza por décadas. La ciencia que dice que las grasas saturadas por sí solas producen enfermedades cardíacas no es cierta. La ciencia que las grasas saturadas aumentan el colesterol es también muy débil. Desde que sabemos que el colesterol no es la causa de enfermedades cardíacas, la preocupación por las grasas saturadas es aún más absurda hoy en día.

La teoría del colesterol llevó a recomendar alimentos sin o con poca grasa, lo que trajo consigo la creación de los alimentos que están causando esta epidemia de inflamación. La medicina convencional cometió un tremendo error cuando aconsejó a la gente que evitara las grasas saturadas en favor de los alimentos ricos en ácidos grasos omega-6. Ahora tenemos una epidemia de inflamación arterial, la que conduce a enfermedad cardíaca y otros asesinos silenciosos.

Lo que puedes hacer es elegir alimentos no elaborados. Eliminando los alimentos que producen inflamación y añadiendo los nutrientes esenciales presentes en los alimentos frescos no procesados, revertirás años de daño en tus arterias y en todo tu cuerpo casuado por el consumo de la típica dieta americana.


Blogalaxia

miércoles, 17 de agosto de 2011

Vitamina K2 para sus dientes

Muchas personas quisieran llegar a una edad avanzada con la dentadura en buen estado. Tener una buena dentadura suele ser un símbolo de juventud y es importante para el procesamiento de los alimentos durante la digestión. Sin duda los cuidados clásicos como el cepillado, el hilo dental y los enjuagues bucales ayudan.

Sin embargo, a muchas personas (más a las que no utilizan regularmente los cuidados anteriores) se les acumula placa o sarro en los dientes, que puede llegar a calcificarse y formar esas duras concreciones (cálculos dentales) que hasta a los dentistas les cuesta quitar con sus instrumentos.

Desde la antigüedad se ha notado que algunas personas son más propensas a las enfermedades dentales (cálculos, caries, gingivitis, periodontitis) que otras. Para el caso de la caries, el vivir en regiones con cierta abundancia de flúor en los suelos y las aguas (de donde pasa a los alimentos) podía ayudar a la prevención de éstas. Mucha controversia se ha desatado en los últimos tiempos sobre el uso del flúor, ya que se indica que si el esmalte de los dientes lo necesita, el flúor se debe aplicar sólo de manera tópica (por contacto como en las pastas dentales) y no ingiriéndolo (como cuando se agrega al agua que viene por tubería), porque el flúor puede contribuir a la fragilidad de los huesos (osteoporosis) y su combinación con el aluminio puede ayudar al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer al combinarse con los lípidos de las células (y el cerebro es rico en lípidos (grasas)). En tal caso, no deje que sus niños se traguen la espuma de la pasta de dientes (con excepción de los dientes, los huesos del cuerpo no tienen esmalte y no necesitarían flúor).

Estudios recientes indican que las personas que consumen alimentos ricos en vitamina K2 tienen dientes más resistentes y una baja formación de cálculo dental. Algunos alimentos ricos en vitamina K2 son el natto (un alimento japonés parecido al queso pero hecho con soya fermentada), los quesos madurados, las yemas de huevo, las vísceras (hígado, riñones, etc.), los huevos de pescado, las carnes rojas (de reses alimentadas con pastos verdes, no con granos).

Muchas personas conocen la importancia de la vitamina K (la letra viene de la palabra alemana Koagulation) en la coagulación de la sangre y su uso para evitar hemorragias. Es una vitamina liposoluble, es decir, se disuelve en las grasas. Pero existen dos tipos naturales de vitamina K que son la K1 y la K2. La vitamina K1 también se conoce como filoquinona o fitomenadiona y es la forma más común de la vitamina K. Se encuentra en los vegetales verdes como la espinaca, el brócoli, el perejil, etc.
A su vez, la vitamina K2 se divide en dos tipos: menaquinona-4 (abreviada como MK4) y menaquinona-7 (abreviada como MK7). La MK4 se produce en los animales y humanos a partir de la K1 sin intervención bacteriana (es por esto que la carne de animales alimentados con pastos verdes contiene más K2 que la de los alimentados con granos, porque hay más K1 en los pastos verdes que en granos como el maíz). La MK7 se produce a partir de la K1 por fermentación bacteriana (por ejemplo, en los intestinos de animales y humanos). La vitamina K en el natto que se produce por fermentación bacteriana es prácticamente sólo MK7.

Algunos estudios señalan que la vitamina K2 produce beneficios que no se consiguen con la K1. Estos beneficios son: la vitamina K2 ayuda a fijar el calcio en los lugares adecuados del cuerpo que son los huesos y los dientes, por lo cual disminuye el exceso de calcio del torrente sanguíneo y evita que se fije en las paredes de las arterias previniendo enfermedades cardiovasculares; disminuye el exceso de calcio en la saliva evitando la formación de cálculos dentales; al fortalecer los huesos disminuye la posibilidad de osteoporosis; al fortalecer los dientes previene la formación de caries; disminuye la posibilidad de formación de cálculos biliares y renales. Un estudio indica que la vitamina K2 podría reducir la aparición de cáncer de próstata en un 35%. No hay estudios que indiquen toxicidad por el consumo de vitamina K2 o que haya un exceso de coagulación de la sangre por su consumo.

Muchos investigadores señalan que si se consumen alimentos ricos en vitamina K1 el cuerpo puede fabricar las cantidades necesarias de vitamina K2. Otros investigadores indican que muchas personas no producen las cantidades requeridas de K2 o que si las producen no las absorben adecuadamente.
Si en su boca se forman con facilidad cálculos dentales, probablemente a usted se le puede depositar con facilidad calcio en las arterias con el consiguiente endurecimiento de las mismas y puede tender también a la formación de cálculos biliares y/o renales. Usted puede necesitar un suplemento adicional de vitamina K2. Como la vitamina D ayuda a la fijación del calcio en los huesos, muchos recomiendan consumir vitamina K2 junto con vitamina D. No se recomienda tomar vitamina K si está usando anticoagulantes (a veces llamados adelgazantes de la sangre).

Diversos fabricantes de vitaminas ya tienen a la venta cápsulas de vitamina K2 con vitamina D.



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